La Casa VII

La Casa VII expresa en la Tierra las potencialidades de Libra. Dijimos al estudiar el signo que en él nace el elemento aire, el que genera la lógica y la razón que inclinan al hombre a la búsqueda del complemento. Todo ello cristaliza en la Casa VII en forma de búsqueda del otro, del complemento que ha de permitirnos realizar nuestro programa humano.

Si en la Casa V aparece un amor que es don divino y que nace del sincronismo absoluto entre dos seres, de su perfecta identificación el uno con el otro por haber vivido experiencias similares, en la Casa VII encontraremos, información sobre el cónyuge, su forma de ser, su carácter, sus cualidades. Igualmente nos informará sobre la personalidad de los socios, de los aliados, de aquellos con los que la vida nos confronta y, en general, veremos en la Casa VII la reacción de la sociedad ante nuestras iniciativas, puesto que la Casa VII se opone a la Casa I, que refleja el impulso de nuestra voluntad.

El signo descendente y los planetas que ocupan la casa siete nos hablan acerca de cómo seleccionamos nuestras parejas y describe las relaciones y sociedades que buscamos. A menudo, involuntariamente nos atraen personas cuyos horóscopos tienen un fuerte énfasis en el signo de nuestra casa siete.

Opuesta a la Casa I (ASC), en la Casa VII el YO está solo frente a sí mismo. La séptima casa es aquella que revela también cómo el individuo mira la relación con los demás. Es por tanto la casa del matrimonio, de las asociaciones, de las colaboraciones y las uniones, tanto materiales como espirituales. Aquí es donde se ve la mayor o menor capacidad para mantener relaciones duraderas. Si habrá matrimonio, divorcio o viudedad. Es también el sector de los enemigos potenciales y de los procesos.

A partir de los significados de la Casa VII, el nativo comienza a hacer un contacto con el mundo externo y a ejercer el yo objetivo. Las primeras seis casas tienen que ver con el YO subjetivo, cuyos significados son más personales, como vimos, y así como la casa I corresponde a los asuntos íntimos y personales, la Casa VII representa la más estrecha relación que el YO hace con miembros del mundo externo.

Aunque podríamos imaginar que todas estas relaciones son buenas, a veces no lo son. Toda la gama de relaciones humanas están representadas aquí, desde el más profundo amor hasta el odio más hostil y es así que los propios enemigos de uno, aquellos que conocemos, se halla incluidos en esta casa (Los enemigos que no conocemos, o enemigos secretos, se encuentran bajo el dominio de la Casa XII). Esta Casa rige el matrimonio (especialmente el primero); el carácter y aptitudes del cónyuge; los socios; los contratos; los procesos judiciales; el divorcio; los enemigos declarados. El término enemigo a veces es demasiado fuerte para algunos casos, como puede ser el inofensivo rival o competidor en algún deporte o en una determinada actividad comercial.

Los malos aspectos planetarios sobre la Casa VII nos anunciarán un cónyuge difícil, de mal carácter, malas cualidades o con problemas, psicológicos, de salud, de dinero, etc. Igualmente, anunciará aliados complicados y problemáticos, de modo que mejor será no tenerlos, y malas disposiciones de la sociedad respecto a nuestras iniciativas.

Cuando un excesivo número de planetas se encuentra en la Casa VII, el individuo es literalmente aplastado por el otro, sea el cónyuge, el socio, la organización social.