Signos y Elementos

El conocimiento de los ritmos universales a los que debe integrarse el hombre y su correcta interpretación forman parte de culturas milenarias que tienen su exponente en la cultura contemporánea sintetizadora de todas ellas. La Astrología estudia las pautas de devenir planetario, con cada una de las 12 fuentes zodiacales que interfieren entre sí en distintas dosis, formando la propia identidad de cada uno de nosotros. La astrología trata de cómo los planetas y sus movimientos en el cielo nos afectan, como individuos, en la tierra. Cada planeta simboliza una cierta fuerza o energía; cada uno de los 12 signos astrológicos representa un diferente modo o estilo en el que la energía se expresa. Los signos zodiacales representan CÓMO actúan estas energías, representan el ropaje psicológico que adquiren los planetas por su presencia en ellos.

Los signos del zodíaco son representaciones simbólicas de las energías celestes que nos rodean, constituyendo por lo tanto, llaves valiosas para descifrar el pasado, el presente y el futuro. Los egipcios y caldeos poseían un perfecto conocimiento de esos simbolismos, que infelizmente son para nosotros actualmente un enigma. Ya durante la Edad Media , ese conocimiento fue escondido en parte por las persecuciones religiosas que ocurrían, en aquel período negro de la historia de la humanidad.

Todo en el universo tiene su tiempo, su momento y su lugar. Y es importante respetar el orden establecidos y su “timing” para que las cosas sucedan correctamente. La Cábala describe perfectamente esos tiempos, que aplicados a la Astrologia, nos ayudaran a entender mejor el significado de los diferentes signos del zodiaco y el programa humano que cada uno de ellos encierra cuando es activado por el Sol.

El Yod representa la semilla, la potencialidad que cada cosa debe tener si pretende ser portadora de algo. El Yod representa el padre, el germen de todo, la simiente humana, el impulso fundamental, la voluntad. Los signos de Fuego pertenecen a esta etapa.

El He representa la tierra en la que el Yod ha de materializarse; es el período de formación interna, de gestación, de interiorizacion y maduración de cualquier proyecto. El He representa la madre, el medio material en el que la obra se instituye, la fecundidad.

El Vav representa el hijo, el resultado de la acción del Yod sobre el He; es el elemento activo y actuante: el que recoge la potencialidad del Yod y la convierte en actos.

El segundo He es el resultado final de este ciclo de actividad: es el fruto que da el hijo, cuya actividad modifica las condiciones en que se encontraban las cosas en el estadio Yod; de modo que ese segundo He se convierte automáticamente en el Yod de un nuevo ciclo de creaciones que se desarrolla ya un nivel inferior. Del mismo modo que el fruto lleva las semillas de un futuro árbol, el segundo He lleva las semillas de nuevas realizaciones.

Esas nociones son fundamentales para la comprensión de los mecanismos de la vida y la comprensión de la ley cósmica, y sus correspondencias son activas a cualquier nivel y se aplican a cualquier situación. Cualquier ciclo de actividad objeto de estudio, cualquier empresa, juego, lapso de tiempo que tengamos que vivir, está sometido a la acción de esas cuatro fuerzas, de manera que dividiendo por cuatro el lapso de duración de la cosa, tendremos como resultado el lapso de tiempo regido por el Yod, el He, el Vav y el segundo He.

El Sol y el Programa Humano

La posición del Sol, por signo, nos hablará de nuestro programa profundo, de aquellos trabajos que hemos de realizar en la presente encarnación. Representa la Voluntad Suprema. La voluntad de querer ejecutar el programa que tenemos asignado. El trabajo humano está encaminado siempre hacia la expansión de la conciéncia, lo que nos ha de permitir avanzar en nuestro estado evolutivo. A través de él y con la ayuda de las herramientas de que disponemos (planetas, signos, casas, etc.) podremos conectar con nuestro Ego Superior y captar el mensaje divino, ampliando así nuestra conciéncia y la percepción de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea.

Mediante el desarrollo de las cualidades del signo solar, y las vivencias obtenidas en la esfera de nuestra vida designada por la casa donde se halle emplazado, podremos ir completando nuestros trabajos como seres humanos. Es el indicador esencial de lo que el individuo está tratando de alcanzar y lo que necesita desarrollar para completar su aprendizaje. Es la fuerza (la Voluntad) que activa todos los potenciales y hace que se desarrollen todos los recursos de que disponemos para llevar a cabo nuestro programa profundo.

El Ascendente nos puede orientar sobre aquello que hemos dejado sin acabar, así como el bagaje (cúmulo de experiéncias) que traemos del pasado y que ha de servirnos para realizar los trabajos marcados para la presente encarnación. Descubrir esas herramientas y aprender a utilizarlas para llevar a cabo nuestro programa profundo,ha de ser la tarea fundamental durante una primera etapa de nuestras vidas. Suele ocurrir que, al sentirnos cómodos con el desarrollo de nuestro Ascendente, ya que es algo que traemos del pasado y nos resulta fácil su manejo, nos estancamos en nuestro desarrollo evolutivo y no llegamos a tomar conciencia de que hemos de dar el salto (una vez aprendido el programa de nuestro Ascendente) hacia nuestro programa humano, señalado por el signo solar.

El signo solar indica de qué forma el individuo recibe las energías cósmicas, mientras que el Ascendente nos indica de qué forma las derrama sobre su entorno. El signo solar nos dice cómo es la persona; el signo ascendente nos dice lo que hace. Por esta razón,el Ascendente nos indica cuál será la forma más habitual que cada persona tiene de afrontar los asuntos y experiencias que habrá de vivir, resaltando los principales rasgos de su personalidad humana.

Por otro lado, guarda analogía con los comienzos (nace cuando nacemos nosotros) y configura el nacimiento de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos y de nuestros actos.

«El Ascendente puede ser la manera en que salimos del huevo, pero aquello que nos hace crecer es el signo solar. En otros términos, el Ascendente es la senda que nos lleva hacia el Sol. El Sol (signo solar) es el tipo de héroe que somos, pero el Ascendente es la búsqueda en que hemos de empeñarnos. El Sol es porqué estamos aquí, nuestro programa humano; el Ascendente es cómo llegamos hasta allí, las cualidades de las que disponemos para lograr ese programa humano».

Todos los signos se dividen en tres decanatos que no sólo marcan diferentes programas humanos, sino que además nos hablan del Karma. En los signos cardinales: Aries, Cáncer, Libra y Capricornio, hay un primer Decanato en el que se vive desde el presente (en el que se realizan los trabajos propios del signo) y dos Decanatos de futuro. En esos signos no hay karma a pagar, salvo el que procede de los malos aspectos planetarios. Pero serán signos productores de karma. En los signos fijos: Leo, Escorpio, Acuario y Tauro, hay un Decanato de pasado, uno de presente y uno de futuro. En ellos el karma empieza a aparecer bajo la forma de recapitulación (primer decanato). En los signos dobles o comunes: Sagitario, Piscis, Géminis y Virgo hay dos Decanatos de pasado y uno de presente. Será, pues, en estos signos donde las deudas del pasado se presentan de una manera ineludible, sobre todo en el primer Decanato, que supone la liquidación de una cuenta que por dos veces se ha intentado eludir.

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