Astrologia y evolución

Astrologia y evolución

Lo que se manifiesta a través de las fuerzas zodiacales, a través de las casas y de los planetas, no es ni más ni menos que nuestro caminar por las diferentes vidas. Con ello queremos decir que hemos de aprender a armonizar y a combinar todas esas fuerzas zodiacales. Con ello, queremos decir que hay una lucha interior en nuestra alma, dentro de nuestra formación interior hay una lucha continua, ya que la función principal es la de aprender a coaligar estas fuerzas que aparentemente son antagónicas (pero que en realidad no lo son). Cada uno de los 12 signos astrológicos representa un diferente modo o estilo en el que la energía se expresa. Los signos zodiacales representan cómo actúan estas energías y son, por tanto, representaciones simbólicas de las energías celestes que nos rodean, constituyendo llaves valiosas para descifrar el pasado, el presente y el futuro y son la semilla con la que se constituyó nuestro universo.

Las Casas son los canales a través de los cuales se expresa esa energía para que las fuerzas cósmicas puedan ser proyectadas en el hombre y éste pueda adquirir las diferentes experiencias que necesita para realizar su programa humano. A través de ellos transmitiremos el contenido de nuestro microuniverso al mundo que nos rodea. Por un lado recibimos la energía de arriba y por otro expulsamos las nuestras, de modo que las Casas son vías neutras, cuya función es la de canalizar un determinado tipo de propiedades. Así pues, los signos del zodiaco representan los diferentes complejos energéticos que constituyen la esencia primordial con la que se organizó el universo, así como a la parte de esas energías interiorizadas en nuestros organismos. El trasvase entre unas y otras se efectúa a través de los doce canales llamados Casas terrestres. Las Casas Terrestres son, pues, canales de transmisión de energía.

Y la principal función de los planetas es darnos el estímulo; nos dan la capacidad de aprender a armonizar correctamente estas fuerzas. Los planetas nos están enseñando una determinada virtud. Saturno, nos enseña a obedecer la ley; Júpiter nos da las capacidades para moverla y aplicarla; Marte nos enseña cómo extirpar las cosas que no son convenientes al plan divino; Urano, nos da la capacidad de amar, no solamente a lo pequeño y material, sino en sentido fraternal; Mercurio la capacidad de distinguir el bien del mal y Venus la capacidad de armonizarnos. Y si los planetas representan las energías y las fuerzas cósmicas que se manifiestan en distintas maneras, entonces los aspectos planetarios muestran cómo estas energías y fuerzas tienden a actuar y a reaccionar unas con otras, a menos que la voluntad de la persona actúe para cambiarlas.

La idea de que cada uno de nosotros lleva dentro de su interior un conjunto de potencialidades o semillas deseosas de realizarse, es muy antigua. San Agustín escribía: dentro de mi hay uno que es más Yo que Yo mismo. Aristóteles utilizó la palabra Entelequia para referirse a la evolución y el florecimiento pleno, de algo que originariamente se hallaba en estado potencial. De manera similar, la filosofía oriental se vale del término Dharma para identificar aquella parte intrínseca y vital que, desde el nacimiento, está presente en todos nosotros.

La psicología moderna asigna muchos nombres diferentes a la búsqueda perenne de ser aquello que verdaderamente se es: autorealización, desarrollo personal, etc. Pero sea cual sea el nombre que se le dé, la idea es clara: todos tenemos ciertas potencialidades y capacidades intrínsecas. Y en algún profundo rincón de nosotros mismos, hay un conocimiento primordial e inconsciente de nuestra verdadera naturaleza, de nuestro destino, de nuestras capacidades. No sólo tenemos una senda que seguir, sino que en algún lugar, dentro de nosotros, sabemos cuál es. La Astrología cabalística, al ser una astrología que nace de nuestro interior, es como un mapa que nos ayuda a recorrer esa senda.

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